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sábado, 31 de julio de 2010

Hola Don Manuel, que tal.
Espero que al recibir esta carta se encuentre bien de salud, deseando que resuelva pronto los asuntos de su familia y trabajo que seguramente lo han mantenido muy ocupado.
Con todo y el calor que implica, por fin pude trasladarme a la zona desértica que me indicó. Lo bueno es que está a unos minutos del pueblo lo que me facilita el traslado diario. Todo ha resultado en una experiencia de los más interesante, la cual le paso a relatar enseguida.
El primer día llegué temprano de mañana, buscando un lugar de sombra para soportar el clima. Fácilmente encontré la sombra de un frondoso “palo verde” desde donde tuve una excelente vista del infinito y plano suelo árido. Antes de empezar, y con el fin de comparar, recordé la experiencia de hace unas semanas de “ver” con la luz del sol todo aquel paisaje tan frondoso, verde y opuesto al que ahora tenía enfrente. En aquel entonces era fácil empezar pues había infinidad de arboles de donde “agarrarse” y empezar el ejercicio, ¿pero aquí por dónde empezar?
Pasados ya varios días de estar aquí, en verdad le quiero agradecer la magnífica sugerencia de venir a “ver” este amplio valle desértico porque ¿de qué otra manera me hubiera dado cuenta de la existencia del vacío como lo hago ahora? Que diferente es este lugar con respecto al que estuvimos semanas atrás, y usted sabe que no me refiero a lo árido contra lo exuberante. Puedo decir ahora que el vacio es algo palpable, es algo que está presente, tiene existencia, que el vacio no solo existe como el resultado de ausencia, sino que el vacio a la vez influye a los elementos que lo delimitan, tiene méritos propios, y que estos elementos delimitadores lo reconocen. Llevo aquí ya mucho tiempo sentado en este último día, y le puedo decir que estoy viendo el vacio con el mismo asombro como cuando veo un amplio mar. Contrariamente a aquel verde lugar, aquí la luz del sol habla un lenguaje con un abecedario excesivamente reducido, y por eso mismo de una manera más clara, elegante y contundente, sin caberme la menor duda que el vacio está compuesto también por fuerzas que no son de esta tierra pero armonizan naturalmente con la misma. Ahora estoy esperando la primera oportunidad que se presente para viajar al sur para estudiar los vacios que forman las plazas prehispánicas que me sugirió y que de alguna manera ya había empezado a ver en los vestigios que visité en Cholula.
Pues esto es, pocas palabras pero creo que con mucha sustancia, de lo que vi por acá en el desierto, espero que con esto conteste a su petición de tenerlo informado. Aparte, aprovecho para decirle que ya tengo una idea mas acabada sobre lo que platicamos de astronomía y arquitectura. Espero verlo pronto para hablarle de esto, o si se tarda en regresar le vuelvo a escribir con un resumen. Se cuida y reciba saludos.

Carta a Don Manuel sobre el vacío

viernes, 16 de julio de 2010


El cielo estaba nublado y mi nariz llena de la humedad y el olor del paisaje. A lo lejos, los cerros tan diferentes a los existentes más al norte. Iguales pero diferentes. Iguales en que a simple vista pueden ser observados como accidentes topográficos, producto de dinámicas de la tierra, pero diferentes al verlos con la luz del sol. Ese era nuestro tema de conversación en ese día nublado, mientras caminábamos hacia la pirámide de Teopanzolco.

—¿Cómo ves aquellos cerros?—me preguntó. Sabía perfectamente que para él no eran cerros—.Trata de ver con la luz que hay, aunque no sea la del sol.

Ya llevaba tiempo practicando “ver” con la luz del sol, una forma totalmente diferente de observar el entorno. Empecé viendo como las superficies de cualquier cosa, como las paredes de los edificios, reflejaban la luz, siempre viendo la luz rebotada en el aire. —Ve la luz rebotada, concéntrate, en el aire hay luz, ve la luz que reflejan los objetos. Ve la superficie como se ilumina con la luz del sol, y trata de ver la manera en que ese objeto tiene la manera de rebotar la luz, entiende como cada objeto la rebota a su manera—. Hacia énfasis en el entender, tanto en la intención de hacerlo como en lo que resultaba del mismo.—Ya que estas viendo la luz, ¿Cómo percibes al objeto que la está rebotando?—, me preguntaba, y sentía la respuesta.

Voltee la mirada hacia los cerros, y “vi” que habían cumplido una función en el pasado, que seguían alertas, pero ahora estaban algo desgastados por el tiempo, reposados por haber protagonizado un deber. También, al verlos en su conjunto iluminados por la misma luz, percibí que su acomodo en el valle ocurría por algo mas allá que por accidente. Me pregunté cual sería su futuro, los volví a ver con la luz circundante, pero esta vez no obtuve respuesta. —Seguramente ya habrás visto, que sin la luz del sol predominan en los cerros meramente la fuerza de la tierra. Mientras no incida sobre ellos esa luz, la fuerza de la tierra se apodera del cerro poco a poco, y se manifiesta en su humedad, en la vegetación, en todo-.

—Vas a ver como reconoce la luz esta estructura—.Habíamos llegado por fin a la pirámide. Nunca había escuchado decirle que un edificio reconociera a la luz del sol, dándome a entender que el edificio que teníamos enfrente había sido hecho especialmente para eso.

Velo bien, ¿Qué ves?—.Ahora, al recordar cuando lo vi con el cielo nublado y con la luz del sol sobre el mismo después, la estructura en la primera condición se percibía apagada. Claro, existía con toda su monumentalidad, pero apagada. Esto no lo percibí hasta que el cielo se despejó y el juego de luz y sombra se presentaron en el lugar. Inmediatamente, la luz me hizo ver los planos inclinados, ¿Qué mejor manera de reflejar la luz del sol que con planos inclinados? Inmediatamente recordé muros verticales de tantos edificios con los cuales vi la luz reflejada, y al contrastarlos con el que tenía enfrente, por primera vez vi un edificio que reflejaba la luz como nunca, y es que el plano inclinado no solo reflejaba la luz que emitia el sol, sino que también lo estaba mirando.

—No te dejes ir solo por la palabra “pirámide”. Te puede limitar tu percepción de lo que estás observando. Claro, si simplificas la forma, es una pirámide, pero como claramente puedes ver, tiene mucho más que cuatro lados inclinados—.Tal como lo dijo, era un juego de escalinatas, muros y tableros que conformaban volumetrías con las cuales se formaban diversas líneas inclinadas de luz-sombra y que en ese momento quise ver su relación con los planos inclinados, pero no pude.

Y así, como se despejó el cielo por unos momentos, así de nuevo se nubló, la estructura de nuevo se opacó, y el sol no se volvió a asomar.

Mas que una pirámide.