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miércoles, 28 de julio de 2010

—Te voy a platicar de la tercera manera, pero ya no es de hacer una historia. Igual es de observar con atención, pero lo que sigue es más sutil.
—Antes de que continúe, le comento que con respecto a las técnicas que me ha platicado, aparte de ayudar a compenetrar con el paisaje observado, descubrí que pueden ayudar inclusive a sugerir arquitecturas si se aplican con ingenio.
— ¿Cómo es eso?
—La historia, mito o leyenda que se arma con elementos inspirados del paisaje se pueden representar físicamente en lo que se construye. Como en el primer ejemplo en donde teníamos a una madre amorosa en la historia, ¿Cómo la puedo hacer presente en el espacio? No se trata de hacer la torpeza de construir una casa en forma de mujer literalmente, sino que, a través de sus espacios, hacer palpables las características de una señora que ama a sus hijos…y de aquí ya depende la fuerza del intento por realizarlo. El resultado puede ser cualquier cosa que evoque lo maternal, tanto en sus aspectos emotivos como físicos: una gran chimenea puede representar el calor del cariño, los sonidos de un móvil o de una caída de agua el canto que hace para dormirnos plácidamente, verdes y largas enredaderas sus cabellos, lugares con almohadas su suave regazo. ¿Me explico?
Asintió con la cabeza, escuchando atento.
— ¿Cuándo se iba a pensar que un árbol sugeriría los espacios que le acabo de mencionar? Pero llegamos a estos a través de la analogía de una madre amorosa. El ejemplo es de una casa, pero igual se puede hacer para cualquier cosa que se quiera edificar.
Después de unos instantes de silencio, puso su mano abierta sobre mi espalda. —Bueno, en esto último finalmente está involucrado nuestra interpretación personal, por lo que es el resultado final varía según quien lo aplique—. Luego prosiguió:
—La tercera y última manera es similar a las anteriores. Observas en silencio y te muestras atento, desmenuzando y descubriendo todos los elementos del paisaje, pero esta vez no vas a hacer una historia. Esta vez, vas a tratar de descubrir la naturaleza de una persona.
— ¿Entender al sitio como un personaje?
—Claro, y esto es mucho más sutil. Para explicarme mejor vamos a empezar al revés. ¿Físicamente como representarías la alegría? ¿Con que colores, con que formas? Igualmente ¿Cómo lo harías con la tristeza, la hipocresía, el valor, la consideración, el empeño, la constancia, el miedo y cualquier otra característica de la condición humana?
—Creo que ya se para donde va.
—Entonces entenderás esto: la forma en que están caídas las hojas de aquella planta, la forma prominente de ese cerro—apuntó a lo lejos a uno de forma corpulenta—, o el color de ese pasto, tomando en cuenta todo lo que puedas percibir de ellos: ¿Qué atributos humanos les asignarías? Y ya observado todo, ¿Qué persona resulta ser?
— ¿De qué me sirve descubrir esto?
—De nuevo te digo: no es tan importante el resultado final como lo es el proceso a través del cual lo descubres. La atención que apliques al sitio sustituye la atención que tienes sobre incertidumbres y dudas con que lo asocias al principio, y trabajas tanto de esta manera sobre el mismo que ya después no lo sientes ajeno.

Una cuidadosa lectura del espacio (3ra y última parte)

lunes, 26 de julio de 2010


—La segunda forma de hacer esto es similar a la primera, pero en esta la sucesión en que se dan los eventos cobra mayor relevancia. En la primera técnica tú hilaste de manera libre una serie de elementos, les asignaste un significado y les diste cierta coherencia con una historia. Esta vez, la sucesión en que vas descubriendo los elementos del paisaje, a través de una caminata, se debe de respetar para que te den la secuencia de eventos. Para esto, está implícita la actividad de caminar por el paisaje y estar alerta a lo que se te presenta mientras lo recorres.

—Esto es similar a cierta ejercicio de nemotecnia en donde uno trata de memorizar todo lo existente entre el punto A y B de un recorrido que nos sea familiar y cotidiano, para posteriormente asociar a cada elemento ya aprendido alguna idea o concepto nuevo que se quiera memorizar. Sabiendo ya de antemano cual es la secuencia de elementos entre A y B, por semejanza también nos acordaremos de las cosas asociadas a ellos, incluyendo el orden en que se dan.

—La intención en este caso no es utilizarlo como una herramienta para memorizar. Es para entender como está compuesto el paisaje que caminas y, más importante aún, estrechar un vínculo íntimo con el mismo como la técnica anterior, desentrañando significados y relacionarlos a través de la elaboración de una historia.

—Si hay un camino trazado en el paisaje, es más fácil hacer la historia, de alguna manera tus pasos son dirigidos.

—Quizá quien trazó el camino que tú dices lo hizo con toda la intención de que experimentes ciertos elementos particulares: rozar un árbol, enmarcar alguna vista o ponerte de frente a una roca.

— ¿Qué pasa cuando no hay camino?

—Recorres el paisaje atento. Te das cuenta que un giro en el caminar implica un cambio en la historia, y al no haber camino, si sacas historia hasta de los más mínimos detalles, descubrirás que la misma historia ya no se vuelve a repetir.

—Un número infinito de historias posibles.

—Sí, pero ¿sabes?, llegarías a tener un grado de familiaridad tan inmenso con el sitio que no te lo puedes imaginar. Le dedicas tanto esfuerzo a él que le dejas algo de ti, y al verte reflejado en la naturaleza es una retribución maravillosa.

Una cuidadosa lectura del espacio (2da parte)

domingo, 25 de julio de 2010

—Aquí hay mucho de qué hablar—y señaló con su mano extendida al paisaje natural que teníamos enfrente.
—Claro, toda esta gran superficie es muy vasta, enmarcada por los cerros y…
—No, no. La forma en que me vas a decir sobre lo que vemos no van a ser con tus palabras de este momento. Me lo vas a decir a través del producto del esfuerzo que hagas en concentrarte en él. De ahí sí pueden salir cosas de valor. Las mejores cosas se expresan de otro modo. Aunque igual y se usen palabras al final, estas vienen con otro sentido, otra intención. Son tan diferentes que cuando alguien las escucha no sabe exactamente a que se refieren o cual fue su origen, pero siente que se dice algo de profundidad.
—Como una poesía o una leyenda.
—Algo así, algo así.

Como muchas de las ocasiones, estábamos los dos solos. Estaba pasando por una etapa en que me era dificil iniciar un proyecto arquitectónico encomendado. Habia visitado el lugar con anterioridad pero a pesar de su bella naturalidad no encontraba el punto de arranque el cual pudiera motivarme a empezar a diseñar.—Te voy a ayudar —me habia dicho temprano en la mañana—, voy a platicarte de unas maneras que pueden sacarte de esto. Te digo como, pero depende de ti como lo aplicas.

Luego de un rato de caminar, llegamos al lugar.
—Hay tres maneras en que puedes hacer esto —prosiguió—, y toma en cuenta que el valor de cualquiera de ellos es la intención que aplicas, no el resultado final.
Ya me había platicado antes sobre la forma de compenetrarnos con los espacios naturales, de leerlos con intención, pero no habia detallado la forma de hacerlo.
—La primera manera es inventar una historia con los elementos que componen lo observado. Primero, has un inventario mental de lo que puedas percibir: arboles, cerros, nubes. Realiza un verdadero esfuerzo de desentrañar el último de los detalles: texturas, colores, olores, sonidos, formas, todo. Que no se te escape nada. Segundo, y con toda la libertad de tu imaginación, asigna un atributo que represente a cada cosa observada. Lo asignado debe de representar su esencia, que la evoque. Obsérvala con toda tu atención y deja que te sugiera algo —hizo énfasis con sus manos—. Ya por último, debes de relacionar todos los atributos que descubriste y asignaste en la forma de una historia o mito.
—Hay muchas posibilidades así de hacer una historia.
—Exacto, pero no te preocupes tanto por la historia sino el asignar el atributo más acertado de cada cosa que observas. Es en ese ejercicio de intensa concentración y de develar que sugiere cada objeto en donde tienes que empeñarte —y prosiguió con un ejemplo—. ¿Ves aquel cerro? A él le voy a dar un atributo de un gigante, ¿el árbol de allá? Tiene una copa muy amplia y frondosa, protectora del sol, voy a pensar que es una madre muy cuidadosa de quien se acerque a ella, ¿el polvo suelto y amarillo bajo nuestros pies? Puede ser harina, ¿las nubes bajas? Seres que están destinados a volar eternamente, que por más que quieran bajar, no pueden. Todos estos atributos no los pensé al azar, sino que primero los observo en silencio y dejo que se forme una impresión de algo que se le parezca.
Al tiempo que explicaba trataba de hacer sus indicaciones buscando en el paisaje, analizándolo, descubriendo sus componentes.
—Ya con todo esto, ¿Qué historia se te ocurre hacer con una madre muy amorosa, un gigante, harina y seres voladores? —Al preguntarme sentí un entusiasmo. Dejó pasar un corto silencio—, y no inventes por inventar, ni mucho menos lo hagas en otro lugar. Cuando creas tener los elementos para hacer una historia, míralos representados en el paisaje en el cual te inspiraste para llegar a ellos. Ubica donde está el árbol, la tierra, el cerro, las nubes. Trata de ver relaciones, disposiciones espaciales, su peso en el paisaje, y que eso te de un primer atisbo a lo que puede ser tu historia —se quedó observándome, quizá tratando de ver si entendía, o esperando alguna pregunta. Prosiguió—. Es normal que quieras enriquecer la historia, y es cuando haces la segunda ronda de observación, aplicándote aun mas en el paisaje, queriendo descubrir cosas que no viste la primera vez. Son en estas consecutivas rondas de concentración donde vas entrando a terreno desconocido. Más adelante quizá también le des un atributo a lo que descubras ahí pero ¿ya que importa hablar de eso si ya lo sentiste?

Una cuidadosa lectura del espacio (1ra parte)